Por: Félix Hernández Gamundi

La sequía es un fenómeno global, consecuencia de la crisis climática que ya pasó de ser una amenaza y hoy es un hecho. Hay preocupación por las temperaturas elevadas extraordinarias, la falta de lluvia y la escasez de agua que afecta la producción de alimentos y toda actividad humana y económica.

Las sequías son cíclicas, pero la crisis climática es un fenómeno que arrecia y que modifica las condiciones ambientales de forma inesperada. El año pasado fue seco y este 2024 parece que tendremos una sequía mayor, afectando no solo a Monterrey, o el Valle de México, sino que hoy se extiende a lugares tradicionalmente lluviosos como Michoacán, Oaxaca, Chiapas y Tabasco, etc.

En la medida que no se reconoce plenamente, México no está realmente preparado para enfrentar ninguna de estas eventualidades. Es claro que, ante fenómenos nuevos necesitamos soluciones nuevas, y al mismo tiempo insistir, en aplicar soluciones de las que se habla mucho pero muy poco se concreta: tecnificar el campo, para ahorrar de 30 a 50% en ese sector que consume el 76% del volumen total de agua extraída; o modernizar y tecnificar las redes de agua potable para evitar hasta un 45% de los volúmenes suministrados, etc. Esto denota una crisis de administración que se suma a la crisis climática.

Enfoquémonos en los temas del agua atendiendo estas vertientes:

1. Lo primero es reconocer que estamos en una situación de crisis climática y de administración del agua.

2. Diseñar y poner en marcha una política de tecnificación de las prácticas de uso y manejo del agua, particularmente en el riego agrícola; en la industria y las ciudades, donde es necesario promover varios ciclos de uso y reutilización, donde sea posible.

3. Optimizar la operación de las redes de distribución de agua en las zonas urbanas, para lograr el máximo control del agua, reducir las fugas en redes públicas, en tomas domiciliarias y en el interior de los domicilios.

4. En la agricultura, aplicar un programa masivo de modernización y rehabilitación de la infraestructura de riego en 6.5 millones de has.; contando con la corresponsabilidad de los productores y usuarios, a través de programas de financiamiento con tasas de fomento.

5. Implantar un nuevo modelo de desarrollo urbano que incorpore los objetivos de sostenibilidad hídrica y ambiental. Es necesario revisar esta práctica de metropolización en la que se han generado presiones insostenibles sobre el agua de las cuencas. Los grandes trasvases de agua hacia las megalópolis, afectan los derechos y las condiciones de vida de las poblaciones de origen.

6. Rescatar las instituciones dedicadas al desarrollo y transferencia de tecnología para el agua, y recuperar el enfoque integral para una nueva política hídrica.

7. Rescatar los centros de investigación y transferencia de tecnología del sector agroalimentario, forestal y para la remediación y prevención del daño ambiental.

8. Es urgente realizar una gran campaña de información para alcanzar una nueva cultura y una nueva conciencia que redimensione nuestra relación con el agua.

Todo lo anterior solo será posible si somos capaces de desarrollar un nuevo modelo institucional y jurídico para la administración y gestión del agua, basado en la planeación democrática de un recurso estratégico, vital, propiedad de la nación.

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