De manera reciente con el lanzamiento de la Guardia Nacional y la protesta de un grupo de la Policía Federal que se ha inconformado por el tratamiento laboral que les están dando, ha cobrado nueva presencia en la escena política el expresidente Felipe Calderón.

Se le ha acusado a Calderón de estar detrás de la protesta de los policías federales que rechazan incorporarse a la Guardia Nacional. “No es casual que uno de los propios representantes de la Policía Federal solicitara que el expresidente Felipe Calderón fuera su representante sindical”, dijo el secretario de Seguridad Pública, Alfonso Durazo.

Calderón contestó: “Niego categóricamente la cobarde insinuación que desde el poder se hace de que yo estoy detrás de las protestas... si tiene pruebas que las presente, y si no las tiene, de inmediato retire las calumnias.”

Creo que cualquiera que conoce un poco de mi trayectoria política sabe que Felipe Calderón no es santo de mi devoción, pero por justicia tengo que estar de acuerdo con el cuando concluye: “Señor presidente, señor secretario, escuchen a los policías y dejen de escucharse ustedes mismos”.

Resulta infantil pensar que si Calderón estuviera detrás del movimiento de los policías federales, serían los propios policías quienes denunciaran públicamente a quien supuestamente los auspicia.

Posiblemente alguien pudiera estar queriendo sacar provecho político de la manifestación, pero lo que es evidente es que tales protestas de los policías son por sus derechos laborales y la incertidumbre que genera su traslado a la Guardia Nacional.

También el expresidente Calderón ha sido acusado de ser el causante de la violencia que se vive en el país, incluso se han publicado gráficas sobre homicidios dolosos, secuestros, extorsiones y robo de vehículos que ilustran el crecimiento desmedido de estos delitos en el sexenio de Calderón, comparativamente con la tendencia a la baja durante el sexenio de Fox. La mayoría de estos datos oficiales ilustran un poco los delitos en mención en 2011. En ese punto hay que dejar claro que al iniciar cualquier sexenio, muchos de los problemas son heredados de las administraciones anteriores; podríamos decir incluso que la culpa es del último, pero aunque esto sea así, el nuevo gobierno ya es el responsable y para eso fue electo.

Fue durante el sexenio de Fox donde más creció el narcotráfico y la narcopolítica en nuestro país, por la clara colusión de muchos gobernadores con el crimen organizado, que les permitieron el dominio de su territorio, léase estados. Tal es el caso de Sinaloa, Nuevo León, Tamaulipas o Michoacá, por señalar algunos.

Tenía razón Calderón al pretender enfrentar al crimen organizado que ya se había convertido en el principal riesgo a la seguridad nacional y a las instituciones democráticas. El error de Calderón fue hacerlo sin una estrategia integral, ya lo he dicho en otras ocasiones. Se debió atacar al narcotráfico en 4 frentes: uno, el policial/ judicial; otro, iniciando una verdadera cruzada contra la corrupción, el lavado de dinero y la narco política; además se debió incentivar la economía a través de la inversión productiva y la generación de empleo y combate a la pobreza; finalmente la educación y la cultura. Nada de esto sucedió. Podemos decir que con Fox crecieron “los bitaches y Calderón alboroto a la bitachera”.

Nos dice Calderón en sus redes sociales que él está trabajando en la conformación de su nuevo partido México Libre para reconstruir el verdadero contrapeso: la organización ciudadana. Esto no lo hizo Calderón cuando fue presidente del PAN, ni como Presidente de la Republica; además sabemos de la gran corrupción que hubo en las policías y en la milicia por parte de narcotráfico en su sexenio, por lo que podemos asegurar que este expresidente, que últimamente anda muy activo políticamente, no es congruente ni tiene autoridad moral. Calladito se ve más bonito.


Ingeniero industrial y empresario

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